martes, 9 de enero de 2018

Clara Morera: “'El color del verano' es más autobiográfica que 'Antes que anochezca'”

Reproducimos a continuación la entrevista a la artista Clara Morera que forma parte del dossier dedicado a Reinaldo Arenas en el primer número del Anuario Histórico Cubanoamericano:

Clara Morera (Camagüey, 1944) estudió en la Academia de Arte San Alejandro, en La Habana y fue miembro del Grupo Antillano pionero en explorar “la influencia de las costumbres afrocaribeñas en la conformación de la identidad cubana”. Ha expuesto su obra en diversas galerías de todo el mundo y desde 1992 Morera vive y trabaja en el área metropolitana de Nueva York. Su amigo, el escritor Reinaldo Arenas dijo que en Morera encontramos “una de las expresiones más originales dentro de la pintura cubana contemporánea, donde acertadamente se fundan mito e imaginación, lo que equivale a la gran poesía”. Pero también, bajo el mal disimulado nombre de “Clara Mortera” aparece en las páginas de la novela de Arenas El color del verano como protagonista de algunos de sus capítulos más enloquecidos y anfitriona de un punto de reunión que Arenas mitificó como “el hueco de Clara”. Al personaje literario Arenas le atribuye esta declaración: “Ustedes saben que yo durante toda mi vida he sido puta. Conocen todos los riesgos que he tenido que padecer en el desempeño de mi oficio. Pero gracias a él he sobrevivido en todos los sentidos, los he ayudado a ustedes, he mantenido una enorme familia y he trabajado en mis cuadros. Pero sobre todo he vivido en forma independiente y desenfadada, practicando la única profesión que aún no se ha prostituido: la de la putería. Ese magnífico oficio me ha permitido mantener el timón de esta casa y el timón de mi vida. Pero, ahora, algo terrible me ha sucedido. Se me han caído las tetas. ¡Miren!”.   
Primero cuéntame de tus primeros años de vida. Naciste en la provincia de Camagüey y luego te trasladaste a Jagüey Grande, Matanzas. ¿Qué importancia crees que tuvieron esos años formativos en tu posterior desarrollo como artista? ¿Cómo fueron tus primeros contactos con la cultura afrocubana?
Me llevaron a Jagüey grande siendo bebita, ahí es que tengo recuerdos. Allí tuve un profesor de octavo grado, Anِíbal Pentón, que me quitó de las manos las novelitas de Corín Tellado y me dio a leer a Goethe. De alguna manera él separó un grupo de alumnos que después fueron artistas o maestros budistas. A él le debo haber decidido irme del pueblo y estudiar arte. Al principio fue solo por romper el ciclo que me estaba destinado por mi familia inmediata.
¿Cuál fue tu formación como artista?
Primeros estudios en la Escuela de Artes Plásticas de Matanzas. Grandes recuerdos, el director Drake, era un escultor maravilloso. Después terminé en San Alejandro, hice tercer año por el día y al mismo tiempo el cuarto año por la noche. En San Alejandro tenía excelentes maestros pero lo que era pintura del tercer año no me convencía porque estaba de moda rechazar el realismo. No nos enseñaban a pintar lo básico, ahí empecé a buscar por mi cuenta. Dejé la escuela después del cuarto año y seguí aprendiendo sola. Estudié Tapicería Monumental por mi cuenta, con libros que me trajeron de Suiza.

 En varios libros Arenas presenta tu casa como centro de reunión de personas marginadas por el régimen. ¿Cómo fuiste empujada a ese punto de marginación? ¿Por qué fuiste expulsada de la Brigada Hermanos Saíz?
¿Éramos marginados? No lo sé, nunca nos sentimos marginados sino artistas aparte, si alguna patada era muy fuerte nos rebelábamos. Para mí, cada vez que me cerraban un lugar o me expulsaban de algún sitio (por ejemplo, de Brigada Hermanos Saíz, de la que fui fundadora, del Grupo Antillano) me hacían más fuerte. Me empeñaba en subirles la parada en cuanto a calidad. En realidad nunca sentíamos mucho nuestra separación de los canales oficiales y por otro lado todos los escritores oficiales que yo conocía me protegían. Siempre tuve mucha relación con ellos.
Yo nunca supe por qué me expulsaron de la Brigada Hermanos Saiz, quizás tuvo algo que ver con José Mario y la editorial El Puente. Yo vivía en su casa y otras escritoras vivían allí también. Después me mudé para la casa de Walterio Carbonell y Walterio fue expulsado de la Unión de Escritores. Y encima Bienvenido, el administrador de la UNEAC en aquella época, me esperó un día en la puerta y me dijo que no podía entrar más. Tarde, mucho más tarde y después de muchas exposiciones, Nuez me entró en la Unión y se ocupó de mis viajes. Nunca hubo una explicación al respecto ni me interesó pedirla.
¿Cómo conociste a Reinaldo Arenas? ¿Cómo eran tus relaciones con él?
 Cuando Walterio fue castigado a vivir en granjas del Partido por unos años me fui de su casa, aunque no nos divorciamos hasta mucho después. El vivía con su mama y aunque era una casa grande, allí su mama era de cierta forma racista.
Frémez me puso a trabajar con él, como una especie de realizadora de sus diseños. Era más bien una botella pero me sirvió para conseguir un estudio en Muralla 60, (el Hueco). Me casé con Tapia (Tapón en El color del verano) que era primo por parte de madre de Reinaldo. Reinaldo vivía cerca, empezó a visitarnos. Todavía El Hueco no se había abierto, vivía en el pequeño estudio con un portal, baño y un cuarto. Reinaldo me hizo una barbacoa, él era experto. Después un día me empeñé en que abrieran una ventana de mi cuarto a un antiguo convento que colindaba y que yo veía que no estaba habitado, buscando aire más bien. La pared era enorme de grosor y Reinaldo y Tapia abrieron un hueco pequeño para el aire. Pero cuando metimos la cabeza apareció lo que nos parecía un palacio en ruinas. Ellos abrieron un hueco mucho más grande, pusimos una escalerita para poder subirnos y lo tapamos con una gran tela que yo tenía llamada “La Tiñosa cuando el diluvio”. Estos eran mitos que yo inventaba con personajes mitológicos de los que también me apropiaba. Luego descubrimos aquel lugar lleno de tesoros y abrimos una puerta y nos mudamos para allí, un amplio espacio pegado a la pared que tenía techo y paredes. En los otros cuartos había muebles Luis XV, medio rotos algunos. Reinaldo encontró mármoles de Carrara… Vendíamos la entrada, se podía entrar pero para salir con algo había que pagarnos. Reinaldo ya se pasaba todos los días allí, mucho tiempo. Empecé a pintar en el Hueco y no en el estudio y, como era lógico, las tertulias se hacían allí. Nunca supe de El color del verano, pero la mayor parte de las maldades, (por ejemplo, las cartas al director del Seminario al que asistía Vicente Echerri) se hacían allí. Nos reíamos a morirnos. También allí tuvimos amarrado a una cama a Delfín Prats hasta que nos confesó a quienes habían metido en una cadena de sífilis.
¿Qué es eso una cadena de sífilis?
Te llevaban a la consulta del especialista y te interrogaban de tus relaciones sexuales. Yo recuerdo que yo estaba embarazada y tenía todos mis análisis al día y vinieron a buscarme dos enfermeras del policlínico, obligada, porque yo estaba en una cadena de sífilis y tenía que ir a decir con quién yo había tenido relaciones sexuales, etc. Reynaldo también fue interrogado. Yo logré librarme de la inquisición médica porque mi médico intervino a mi favor: yo tenía todos mis exámenes médicos bien. Reynaldo también tuvo que hacerse examen. Delfín Prats, falsamente y por hacer un chiste según él, había metido en esa cadena a cuanta persona se le ocurrió. Reynaldo, yo, Guillén, Barnet y quien sabe cuántos más. Lo amarramos hasta que confeso que sí, que él era el que había dado nuestros nombres.

 Es sabido que Arenas era un gran fabulador pero al mismo tiempo vivió realmente circunstancias que resultan difíciles de creer aunque pudieron haber ocurrido. ¿Qué hay de cierto y de invención en capítulos como “El hueco de Clara” de El color del verano?
 Tú eres escritor y sabes que un escritor siempre va a apoyarse en algo, pero en el caso de El color del verano, nosotros vivíamos una vida, digamos, "paralela". No teníamos idea ni de respeto ni de amistades intocables. Todo era bienvenido si nos divertía. Pensando ahora creo que era una diversión extraña pero a nosotros nos parecía muy normal. Por ejemplo, Cintio y Fina acostumbraban a visitarme y comprar alguna de mis cosas pero aunque no compraran, Cintio siempre me escondía sorpresas, billetes, cien o doscientos pesos cubanos que nos salvaban la vida. Al principio realmente me sorprendía, movía un plato o un cenicero y ahí estaba mi dinero. Después ya si no me dejaba algo yo me molestaba y nos divertíamos inventando historias con él. Reinaldo después las escribía. El vino de consagración que Echerri le traía a Reinaldo para vender, Reinaldo lo vendía por allí pero después hacía las cartas al director del Monasterio quejándose de que Echerri estaba cobrando muy caro el vino. Lo más gracioso es que Echerri después iba a ver a Reinaldo para quejarse de que le estaban mandando cartas anónimas a su superior. Las cartas se hacían en El Hueco. Casi no comíamos y tomábamos el fabuloso té negro ruso por galones. Así vivíamos. Aunque novelada, esa era nuestra realidad. El agua apareció también de verdad y como entenderás, con una cisterna de agua me convertí en la reina del comité pues si yo no autorizaba no podían poner el motor para sacar el agua y en el edificio aquel el agua no entraba casi nunca.
En una entrevista anterior decías que en la época en que conociste a Arenas habías dejado de pintar. Da la impresión que el impulso inicial por el que retomaste tu pintura era para tapar el ahora famoso “hueco de Clara”. En qué sentido tu encuentro con Arenas estimuló tu creatividad.
Yo apenas he estado un año o algo así sin pintar. Sobre todo cuando la vorágine era fuerte no pintaba. Pero no, nunca dejé de pintar por mucho tiempo. Pintar para mí era "sobrevivir", no solo en el sentido fisico. No sé por qué Liliane Hasson puso eso en su libro [Reinaldo Arenas : Un Cubain libre]. Nunca le dije semejante cosa. Yo pintaba de madrugada, o a veces después seguía, después de que habíamos conseguido la comida. Mi mamá me mandaba cajas de miel de abejas desde el pueblo y Reinaldo las vendía. Sí, me encantaba pintar con Reinaldo allí pero porque él me entretenía mucho y nos reíamos. Nunca he podido pintar como un maestro. De hecho, necesito hablar, oír música y hacer otras cosas mientras pinto. Eso debe ser Attention Deficit Desorder, pero nunca me preocupo. El Hueco siempre tenía a alguien leyendo o discutiendo o haciendo cuentos y siempre nos reíamos mucho. Éramos un planeta aparte, ni parecía que estuviéramos en Cuba. Un día mi hijo mayor que tenía cinco o seis años estaba jugando y se derrumbó un pedazo de piso en el lugar en que estaba. Él empezó a gritar porque se le estaban hundiendo los pies en una loza caída. Yo no lo oí pero unos ladrones que estaban forrajeando, lo oyeron y lo salvaron. Éramos una realidad aparte a todo lo que ocurría en ese país. Allí ni siquiera el Comité de Defensa sabía al principio que nosotros estábamos allí. Ni se oían los gritos del vecindario. Que entrara alguien ajeno a nuestro grupo era casi impensable. Para nosotros el comunismo casi no existía, no nos afectaba. No había ojos ni oídos siguiéndonos. Puedes imaginar que en un mundo donde todo estaba lleno de pinturas, se tomaba té sin parar, no se respetaban las reglas sociales y nos podíamos morir de risa un día entero por unos trabalenguas, etc. era un mundo que no tenía nada que ver con la Revolución del Proletariado.
 Diplomáticos y coleccionistas y escritores y nosotros, los otros: todos nos reunimos allí. A la Presidenta del Comité le regalamos un juego de sala Luis XV que estaba entre los muebles antiguos del convento y ella formaba parte de nuestra diversión.
 ¿Cómo era vivir y crear y conservar ese círculo creativo y de amistades bajo esas condiciones de marginación? Aquellos artistas y escritores que pasaban por tu casa ¿Se sentían como una república clandestina de las letras y las artes, como una banda de sobrevivientes o una combinación de ambas cosas?
 Éramos más divertidos que los demás. Venían también algunos a vigilarnos, estábamos seguros pero también se divertían y como sabíamos quiénes eran nos divertíamos dándoles noticias falsas. Reinaldo decía que era para ayudarlos a que resolvieran trabajos y eso. Nunca nos sentimos marginados. El grupo era más o menos, Reinaldo, los amantes de Reinaldo, (Lázaro no iba mucho debido a los amantes ocasionales de Reinaldo), Armando López, Poncito, La Goyesca, Echerri (pero Reinaldo se molestó con él y ya casi no iba), Delfín Prats, Tapia, algún amigo ocasional de Tapia. Creo que casi nunca iban mujeres. Después me invitaron a entrar al grupo Antillano y [Rafael] Quenneditt, el director, empezó a ir. Shelton iba también. Del mundo de afuera iban los Vitier, Pablo Armando Fernández, Luciana Guissi, diplomática, junto a otros diplomáticos italianos de los que no me acuerdo el nombre. Esos eran los habituales, siempre había dos o tres personas y nosotros que vendíamos miel y comprábamos té, huevos y espaguetis. Reinaldo vendía la comida de su libreta y con eso comprábamos comidas. Nos sentíamos reales, no marginados. Yo tenía una amiga suiza que me traía materiales de pintura.
 ¿Qué influencia crees que tuvo una personalidad como la de Arenas en tu vida y en la de aquellos que lo rodeaban en Cuba?
Hay algo. Reinaldo nunca hablaba de literatura, al menos no se hablaba mucho de eso, ni yo hablaba de pintura. Reinaldo era como un Quevedo, que todo lo transformaba en literatura, pero de eso no se hablaba. Yo apenas sabía cuándo había venido su editor de México porque eso salía en relación con alguna otra conversación. Por ejemplo, Reinaldo contaba cómo uno que parecía informante se aparecía en su casa cada vez que el editor venía y Reinaldo le decía, "pasé por aquí"’. ¡Y el personaje vivía en la Víbora! No se hablaba de sus novelas excepto alguna que otra vez que hacíamos tertulia por la noche y él leía o decía de memoria fragmentos de algo. El color del verano no existía cuando aquello. A veces había discusiones literarias. Pero en general discutíamos para reírnos. Como por ejemplo la competencia de poemas entre él y Rene Ariza: ellos tenían que decir el poema y nosotros éramos como jurados. También la de trabalenguas, que eran de Armando o eran de Reinaldo. Así nos divertíamos.
Hace tiempo se subastó en una pequeña librería una nota mecanografiada que él había escrito como para una de mis exposiciones pero que él nunca me la dio o me la leyó, pero el crítico de arte Rafael Díaz Casas logró que le dieran una copia.



¿Por qué no te pudiste ir en el éxodo del Mariel?
Reinaldo se fue cuando Mariel pero yo tenía que pedir permiso al padre de mi hijo mayor y no me pude ir. Traté de irme después por el Comité.
¿Por el CDR?
Sí, después que se acabó el Mariel todavía quedaron muchos barcos que empezaron a llenar a través de los Comités de Defensa. Para que te dejaran ir había que decir que uno era lumpen, ladrón, homosexual, etc. Pero luego cerraron todas las salidas.
¿Qué ocurrió después contigo?
Vino una época negra. Me botaron del Grupo Antillano por sospechas de que me iba y entonces vino un ciclón y Eusebio Leal aprovechó para sacarnos de allí [Muralla 60?], pues el edificio había sido declarado Monumento y hubiera tenido que buscarnos casa. Quemé muchos cuadros grandes que no tenía dónde meterlos, nos llevaron a un albergue horroroso por Guanabacoa. Los diplomáticos empezaron a irme a buscar allí y también los escritores. [El Ministerio de]Cultura me sacó y me dio un apartamento en un edificio de Escoltas de Cultura en San Agustín.
¿Qué significa “edificio de Escoltas de Cultura”?
Era un edificio de microbrigadas donde casi todos los que vivían eran personal burocrático del Minint, entre ellos dos o tres escoltas del Ministro de Cultura. A uno de ellos le dieron un apartamento de mejor calidad y cuando se desocupó una secretaria de Hart llamada Chela me lo dio a mí, que estaba en un albergue. Para que me lo dieran hubo mucha presión de parte de Naty Revuelta, Pablo Armando, Cintio y una agregada cultural. En cualquier lado sacaban ese tema de conversación: que había una pintora conocida que estaba en un albergue en Guanabacoa con sus niños. Extrañamente en ese edificio no había problemas porque aquellos vecinos no se metían en nada. Empecé a hacer tapicería monumental aunque ahora sí que no me invitaban a ningún evento cultural. Hasta el punto que yo tenía una nota de catálogo de Aimé Cesaire para mi primera exposición y después Cesaire fue el Gobernador de Martinica y Cuba mandó una exposición para Martinica y no me incluyeron. Pero por otro lado Naty Revuelta me gestionó el performance Cien años de soledad que Gabo promovió en la Escuela de Cine. A los periodistas les dijeron que lo que pasara allí no podía salir de allí. Armando López solo pudo sacar una pequeña reseña. Y a la cañona porque le dijeron que no podía escribir nada. Esa exposición que se inauguró el día antes del cumple del Gabo tuvo sin embargo una gran asistencia oficial y allí conocí a Nisia Agüero que se convirtió en mi protectora. Yo vivía bien decorando hoteles extranjeros y viajé a Rusia con una exposición-performance. Creo que fui una de las primeras artistas que no salió protegida por el gobierno. Nuez me sacó el pasaporte y la visa y me entró a la Unión de Escritores otra vez. De San Petersburgo (era cuando la Perestroika) me escapé a Suiza sin problema alguno a llevar unos tapices que había vendido. Regresé a Cuba pero dejé saber que yo había ido a Suiza y había virado.
Un día me llamó una artista amiga mía desde la Sección de Artes Plásticas de la UNEAC para decirme que Barnet había dejado un enorme sobre en la mesa de la secretaria para mí. El sobre venía de París. Lo enviaba Ramón Alejandro, el gran pintor cubano-francés. Traía una invitación al Simposio de Artistas de Canadá. Cuando llegué a Baie Saint Paul, una ciudad pequeña de Quebec Ramón Alejandro me estaba esperando con los libros de Reinaldo. Ahí supe que Reinaldo había muerto, que había escrito los libros y los leí. Tiempo atrás Ramón Alejandro había estado leyendo El color del verano, y Sergio Giral, el director de cine cubano, estaba de visita en su casa en París le contó quién yo era. Ahí es que Ramón Alejandro decide sacarme de Cuba. Y lo hizo. Estando en Canadá, ya se sabía que yo me quedaba pero no estaba muy segura de querer quedarme allí porque en aquella época a los cubanos que pedían asilo los llevaban a la isla de Saint George por unos cuantos años. Pero por suerte el Museo de las Américas en Washington se llevó obras del simposio y mandaron invitaciones a los artistas que habían seleccionado. Yo fui invitada y conseguí la visa. Ya Reinaldo había muerto en diciembre de 1990 y yo llegué a Estados Unidos en 1992 pero siempre he considerado que Reinaldo me sacó de Cuba, fue su último gran truco de magia conmigo.
¿Qué sentiste al ver que Arenas te había convertido en uno de sus personajes? Lo sientes como una maldición, una bendición o como algo irrelevante?
Yo me divertí mucho leyendo El color y Antes que anochezca, aunque considero El color del verano más autobiografía que Antes que anochezca. Como conocía a todos los personajes me divertía lo exacto de las descripciones. Las oraciones eran Reinaldo. Las Cartas eran Reinaldo. Arenas, Reinaldo y la Tétrica Mofeta eran Reinaldo.
Yo no tengo un sentido convencional de mí misma. El personaje de la Mortera era yo misma, lo soy y lo fui o al menos quise serlo, incluyendo la prostituta. Me encanta.

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viernes, 5 de enero de 2018

Pecado de pensamiento

Un periodista emplea un tiempo -que podemos suponer considerable- en leerse todo el archivo que Woody Allen tiene en la universidad de Princeton. No se trata de dar con sus claves creativas, por supuesto, sino de sorprender en sus bocetos de guiones sus fantasías sexuales con menores de edad. Podría haberse dedicado a entrevistar a alguna de sus supuestas víctimas, que no dudo que existan. Pero el periodista prefiere escrutar sus fantasías pues ellas serían suficientes para encontrarlo culpable de algo:
"El propio periodista matiza que Allen es célebre por su humor y que algunas de sus frases pueden ser irónicas, pero que eso no cambia, para él, la sustancia del asunto"
Y la sustancia del asunto, aunque no lo explica el artículo, es que vamos de cabeza a restituir el pecado de pensamiento. A no distinguir entre las acciones (de las que Allen ha sido eterno sospechoso, dicho sea de paso) y la imaginación. Y es que esa distinción entre pensamiento y acción, entre lo fantástico y lo real es lo que en definitiva distingue la infancia de la adultez, el medioevo de la modernidad. Y esa regresión al pecado de pensamiento, a la indistinción entre acción y palabra, la estamos logrando sin ayuda de religión alguna. Al menos no las religiones reconocidas como tales. Y esa es la clave de este como de todos los totalitarismos, una clave que no está precisamente en los campos de exterminio. La clave del instinto totalitario que duerme en cada sociedad, en cada uno de nosotros, esperando por su oportunidad para manifestarse es anular la distinción moderna y liberal entre lo real y lo imaginario tanto como entre lo público y lo privado. Me temo que en el debate entre Brodsky y Havel ya reseñado en este blog sobre la naturaleza del totalitarismo sea el primero quien lleve más razón. Que el totalitarismo que Occidente se empeñó en ver como aberrante y ajeno no es más que un espejo del “potencial negativo del ser humano” cada vez que se cree capaz de extirpar el Mal de una vez y por todas.

miércoles, 3 de enero de 2018

Manuel Urrutia Lleó y "el momento histórico que le tocó"

La BBC publica un resumen sobre la vida de Manuel Urrutia Lleó, presidente cubano entre enero y julio de 1959, y pierde una gran oportunidad de esclarecer su papel en la historia cubana.
El artículo cita al escritor Norberto Fuentes quien dice:
"En su presidencia Urrutia lo que hizo fue más bien disfrutar de su salario, que era de 1.200 pesos. Era un abogado de derecha, pero sin ningún tipo de experiencia para lo que le tocó y al final fue una ficha más en el juego político de aquellos años"
O al historiador oficialista Sergio Guerra Vilaboy:
"En el exilio no tuvo mayor trascendencia. Él no era un político, los que lo conocieron siempre se refieren a él como un hombre sin carisma, anodino. Realmente había llegado a un lugar al que realmente él ni siquiera se imaginó ni pretendió llegar. Fue un instrumento del momento histórico que le tocó".
 Más que ayudarnos a entender aquella etapa histórica, por qué alguien "sin ningún tipo de experiencia", "sin carisma, anodino" ocupó el máximo puesto de la nación, artículos como  este nos sugieren por dónde anda la versión oficial cubana en estos tiempos. Cómo el maquiavelismo de Fidel Castro va disolviéndose en frases como "el momento histórico que le tocó" (a Urrutia).

lunes, 25 de diciembre de 2017

Feliz Navidad

Romper dietas o soplarle 2017 velitas al niño Jesús. Cualquier pretexto debería ser bueno para celebrar estar vivos y recordar a los que no. Muchas felicidades tengan todos en estas Navidades. Abrazos.

domingo, 24 de diciembre de 2017

Los posts más leídos de 2017

La noticia es que todavía este blog tenga lectores y que esta lista tenga sentido. Y mi lección de este año es que incluir la palabra “netflix” multiplica los lectores exponencialmente.



viernes, 22 de diciembre de 2017

Mis libros (cubanos) del año

El Nuevo Herald me pregunta por mi libro favorito escrito en español y publicado este año y respondo:

"Mi libro favorito de este año son tres. Dos de ellos rellenos con relatos formidables: ambos con un animal en el título, ambos de un humor brutal. En todo lo demás son bastante distintos. Por un lado "Mi novia preferida fue un bulldog francés" (Alfaguara) de Legna Rodríguez Iglesias, un libro que es como esos amigos que conociste en una pelea, justo mientras te rompía la nariz: nunca te vas a olvidar de él. Por otro está "El año del cerdo" (Alexandria Library) de Francisco García González cuyos cuentos son la mejor descripción que he encontrado del apocalipsis en cámara lenta que es la náufraga isla de Cuba: desde los últimos cincuenta años hasta los próximos quinientos. Y faltaría "Estudios del malestar" (Anagrama) del filósofo español José Luis Pardo, un análisis brillante del ascenso del populismo en los últimos cien años, no solo como opción política sino también artística, si es que vale apuntar la diferencia"

Dejé de mencionar, sin embargo, otros libros que por una razón u otra me han impactado este año. Uno es la novela “La casa y la isla” de Ronaldo Menéndez donde el escritor ajusta cuentas con su pasado cubano: con sus recuerdos escolares, juveniles, su pertenencia al grupo El Establo y la diaria miseria que distribuye a partes iguales hambre y miedo: todo eso repartido en personajes y escenarios creíbles y queribles.
De “Adiós mi Habana” ya he hablado aquí y poco me queda por añadir.
Por lo demás este ha sido mi año Abreu. Imperdonable que haya tardado tanto en llegar a ellos pero eso no disminuye la recompensa de leerlos. De Juan leí “A la sombra del mar” (1998) “Debajo de la mesa” (2016) y la novela “Accidente” (2004). Todos son buenos pero recomiendo especialmente los dos primeros, estremecedores ejercicios de memoria. “A la sombra del mar” es una suerte de diario que un muy joven Abreu llevaba en los días en que su amigo Reinaldo Arenas se escondía de la persecución policial en la jungla falsa del Parque Lenin a donde Abreu le llevaba alimentos y otros recursos para que sobreviviera. Desde el fondo del llamado Quinquenio Gris ese libro rescata a la literatura cubana de la vergüenza de ser ella misma. “Debajo de la mesa” son las memorias del escritor desde su infancia mataperra en el reparto Poey hasta su salida de Cuba a través del éxodo del Mariel. Un libro imprescindible para entender unas cuantas cosas.

De su hermano José Abreu Felippe recomiendo enfáticamente “Dile adiós a la virgen” (2003). Detrás de ese título no especialmente atractivo se esconde una de las mejores novelas cubanas sobre la segunda mitad del siglo XX. La anécdota es sencilla: relata la vida del protagonista después de que toda su familia ha conseguido escapar a través del éxodo del Mariel. El submundo de los parias de la Revolución que para sobrevivir y ejercer una libertad reducida a la mínima expresión deben desdoblarse en traficantes de champú para perros, tahúres de casinos clandestinos, empresarios porno, yoguis o bisexuales voraces (la novela es a la bisexualidad cubana lo que las de Arenas son a la homosexualidad). A diferencia de otros libros similares la novela sigue al protagonista en su fuga a España y luego de largos años atrapado en ese exilio intermedio lo acompaña a los Estados Unidos y su difícil adaptación allí. Pero es en esos años cubanos que van apenas de 1980 a 1983 cuando vemos emerger como maravilla esta epopeya de la miseria, el miedo y la libertad.  
Ah, y me quedaría mencionar “Para matar a Robin Hood” (2017) una reunión de las crónicas de cine de Néstor Díaz de Villegas libro portentoso y sólido como si se hubiera escrito de un tirón y no como entregas dispersas a través de años. Pero de ese libro me gustaría hablar en detalle más adelante.

martes, 19 de diciembre de 2017

El misterio de la carne


Hacer comprensible el régimen que impera en Cuba siempre ha sido una tarea complicada. Por eso, para ahorrarme tiempo y explicar de una vez lo absurdo y arbitrario que puede resultar empiezo por las vacas. Ya se sabe: que puedes recibir una condena mayor por matar una vaca que a una persona. Que si te comes tu propia vaca vas preso. Que si te la roban te cobran una multa. Bastante más difícil es explicar la supuesta lógica. Sin embargo un recorrido apurado por los discursos de Fidel Castro en los primeros años de Revolución permite reconstruir el proceso de creación de ese absurdo.
Insisto no pretendo ser exhaustivo pero la primera referencia que encuentro al “problema” de las vacas son las críticas del Comandante al sistema de producción anterior en un discurso dirigido a la Federación Nacional de Trabajadores azucareros el 19 de diciembre de 1960. Allí empieza a desarrollar sus teorías de cómo mejorar el que califica como “sistema prehistórico” de crianza del ganado:

“Teníamos otro monocultivo además de la caña: el monocultivo ganadero.  Eso era peor todavía que el cañero, porque daba menos empleo todavía que el cañero.  Para que ustedes tengan una idea del atraso de nuestra agricultura, baste decir que en nuestro país se producía la carne mediante un sistema latifundiario.  Es decir, un rebaño de reses que estaba pastando meses y meses, años y años, atendidos por uno o dos hombres, en pastos naturales.  Era un sistema prehistórico de producción de carne.¿Saben ustedes qué cantidad de tierra se necesitaba en Cuba para producir, exclusivamente, la carne del consumo?  Se dedicaban 350 000 caballerías a producir la carne que consume un país de una población reducida.Una res tenía que vivir y pastar durante 30, 32, 34, 36 meses, antes de venir al matadero.  Trescientas cincuenta mil caballerías dedicadas a producir nada más que la carne de nuestro consumo.  ¿Cómo no iba a haber desempleo en el campo?  El método de producción era un método latifundiario. Frente a eso existía un tremendo obstáculo:  el precio de producción latifundiaria es un precio bajo.  ¿Por qué?  Porque no se le sirve pienso al animal, lo atiende un hombre, no se cultivan los pastos, son pastos naturales, muchos de ellos, y, claro, se puede producir un tipo de carne barata, pero mala; un sistema de producción intensivo de carne eleva el costo de producción, pero produce carne mucho mejor en un espacio mucho más reducido de tierra.De manera que una caballería de pastos cultivada con pangola, por ejemplo, en un sistema de producción intensiva, en un establo, puede alimentar hasta 120 reses.  En el sistema prehistórico nuestro, el promedio de reses por caballería era de 10 a 12, 6, 8.  Es decir que en un sistema de producción intensiva, en 50 000 caballerías podemos producir toda la carne que consume nuestro país, y nos quedarían libres para diversificar 300 000 caballerías de tierra.  Calculen ustedes las posibilidades de producción y exportación de carne que tiene nuestro país.  Dedicábamos 350 000 caballerías a producir carne, y, además de eso, importábamos derivados del cerdo y grasa animal por valor de 40 millones de dólares.Vean si se explica o no el desempleo que había en Cuba.  El número de cientos de miles de familias viviendo en los callejones y en las guardarrayas; además, el desempleo, como consecuencia de que en una finca de 600 y 700 caballerías trabajasen solamente 10, ó 12, ó 15 personas. Luego, teníamos el monocultivo ganadero, era difícil organizar una cooperativa en una finca ganadera; había que convertir 12 personas en dueñas de todo el ganado de esa finca, había que hacer inversiones mucho mayores.  No era el caso del obrero cañero que llevaba muchos años luchando allí con la caña; eran zonas agrarias donde ni siquiera vivían familias.  Y entonces, hemos iniciado la lucha contra el monocultivo por dos procedimientos distintos y por dos sectores distintos: desde el sector cañero, la lucha contra el monocultivo a través de las cooperativas cañeras; y, en el sector ganadero, la lucha contra el monocultivo a través de las granjas del pueblo.  Y así, con dos medios de producción dos sistemas de producción, unas como cooperativas, otras como grandes empresas de producción técnica administradas por el INRA, estamos combatiendo el monocultivo desde dos ángulos distintos, y vamos hacia un proceso de intensificación de la producción de carne, de grasas y de alimentos animales.En las áreas ganaderas y arroceras hemos propiciado este sistema de producción y esperamos, también, llevarlo adelante con éxito.  Ya en una de esas granjas del pueblo hay un sistema de cultivo hidropónico de vegetales, que permitirá abastecer todo el año el mercado de La Habana"

Cinco meses después, el 17 de mayo de 1961 ya puede comentar los primeros resultados de la intervención estatal en la ganadería. Y el resultado –que aunque no lo menciona directamente, no es difícil inferirlo- es que hay menos carne. Y la culpa, de momento, la tiene el aumento de la demanda así que habrá que darle tiempo para desarrollar sus planes: 
Si el consumo de carne se triplica…  ¿Qué hay que hacer, porque no hay vaca que sea capaz de triplicarse en un año?  La ganadería para triplicarse necesita mucho más de tres años, y si el consumo se ha triplicado…  Entonces es un hecho que hay que aumentar la producción de otros artículos, y que la propia producción de carne hay que aumentarla por todos los medios; hay que aumentar la producción de pescado, de aves, de cerdo y de cuantos artículos puedan producir carne de una clase o de otra.  La carne, además, es un alimento indispensable al pueblo y que el pueblo no ha consumido; el consumo de carne para una gran parte de la población ha sido muy reducido, y esa es la causa de problemas en el crecimiento, problemas en la salud.  Incluso, el obrero que necesita trabajar 8 ó 10 horas tiene que alimentarse bien, porque si no se alimenta bien es imposible que pueda rendir en las mejores condiciones.  Y nuestro pueblo ha estado muy mal alimentado, los muchachos lo saben y las muchachas; porque ellos saben que hoy están mejor alimentados que en sus casas, desde luego […]
Los programas del gobierno se proponían producir la carne para vender a 20 centavos la libra en pie; hoy el cerdo que se produce en el país, en algunos casos se está vendiendo hasta a 30 y 35.  No pasa así con el ganado porque el ganado está controlado; hay una gran cantidad de reses que están recibiendo piensos en los potreros administrados por el INRA, y eso garantiza un abastecimiento de carne de res; y ahora se está llevando adelante un gran programa de producción de carne de cerdo y de ave.  Pero eso requiere un tiempo; el tiempo que requiere será aproximadamente de un año y medio para estar a plenitud de desarrollo ese plan, o que haya alcanzado la meta que se propone”

El 28 de agosto de ese mismo año vuelve sobre el mismo tema. Ahora habla de un plazo de ocho años para desarrollar sus planes:
Nosotros podemos proponernos, en ocho años, las siguientes metas, frente a una producción anual de más o menos un millón, entre machos y hembras, producción que nos obliga a sacrificar solo los machos para no estancarnos; y frente a una producción de leche de 2 millones y medio de litros de leche, nosotros hemos estado discutiendo con los compañeros de “ganadería, de granjas y del INRA, lanzar un plan, una aspiración que justifique el esfuerzo.  Es decir, no optar, por supuesto, por la política de ruina ni por la política de estancamiento, porque un país no se puede condenar a un estancamiento en el ganado; un programa de alcanzar, en ocho años, un total de 5 millones de vacas de cría con una producción de 3 millones de reses cebadas al año, y 10 millones de litros de leche, especializando el ganado, es decir, el de leche: raza lechera y raza de carne.  Esto nos permite a nosotros, en ese plazo, tener 5 millones de vacas de raza de carne, y por lo menos un millón y medio, es decir, un millón de vacas de ordeño de leche.

Ya el 12 de diciembre de 1961, en el acto de graduación de un curso de inseminación artificial lanza la consigna de no matar vacas porque amenazaría las posibilidades de producción y con ello sus ambiciosos planes ganaderos:
“¿Contra quién hemos tenido que luchar, primero que nada, para que no se mate una sola vaca?  Primero que nada, contra el eterno vicio capitalista, el interés privado de los individuos que les importa un bledo la economía de la nación y de la república.  Había señores que tenían mataderos por ahí, siempre se encontraban con algún siquitrillado que les vendía las vacas, y mataban vaca, ternero, novillo, cualquier cosa.  Primero que nada tuvimos que luchar contra el egoísmo, el interés privado, los vicios y las reminiscencias capitalistas que quedan.  Fue necesario por eso, para salvar las vacas, controlar todos los mataderosEl consolidado de la carne cometió sus errorcitos por ahí, en la forma de cumplir este programa; no tuvo personal del más competente, y cometió unos cuantos fallos.  Pero, al fin y al cabo, consolidó los mataderos.  Una vez consolidados los mataderos, ¿creían ustedes que ya estaban defendidas las vacas?  ¡Nada de eso!; […]Con el truquito de las “no aptas para la reproducción” mataban cientos de miles de vacas aptas para la reproducción.  Y en algunos mataderos consolidados decían:  el 10%.  Pero no era el 10% de las no aptas para la reproducción, sino cualquier vaca; iban a matar el 10% de vacas, y así mataban muchas vacas que eran aptas para la reproducción.  Entonces nosotros decimos: no señor.  ¿Qué hacer?  Bueno, vamos a poner un delegado de las ORI en cada matadero; ¿para defendernos de quién?  ¿Del interés privado?  No, ya el interés privado no tiene nada que ver con los mataderos, pero todavía quedan en los mataderos los hábitos capitalistas, los individuos, los egoísmos capitalistas, la irresponsabilidad propia de los capitalistas, en las personas de algunos administradores de mataderos que se olvidan del gran interés de la economía y matan vacas”
La ubicación de delegados políticos al frente de los mataderos al parecer no obró los efectos mágicos esperados. Tanto es así que el 17 de mayo de 1962 el Ganadero en Jefe prohibía de facto que los campesinos mataran su propio ganado y así “garantizar la carne para el pueblo” y “salvar la riqueza ganadera”. Y con la promesa, claro de que “en el futuro no habrá esos problemas” 
A la economía del país no le afecta fundamentalmente que los campesinos vendan todos los pollos que quieran por su cuenta, no le afecta que sacrifiquen los cerdos.  Les pide, sí, que los sacrifiquen cuando ya son grandes, que les traten de sacar el mayor provecho, que traten de producir grasa, de autoabastecerse de grasa, mientras se desarrollan los grandes planes de producción porcina que la Revolución está llevando adelante, igual que lleva adelante grandes planes de producción avícola. Eso no afecta a la Revolución.  Pero a nuestro país le afectaría mucho que su base ganadera fuese sacrificada, que la producción grande que puede tener en el futuro de carne de res, fuese sacrificada.  Naturalmente, con los recursos monetarios con que hoy cuenta el pueblo, si no se reglamentara bien la matanza del ganado vacuno, el resultado sería que nadie controlaría la matanza, que se matarían...  Nadie puede calcular la cantidad de ganado que se sacrificaría con poco peso, lo mismo las hembras que los machos.  ¿Cómo podría garantizar la Revolución el abastecimiento de carne en las ciudades?  Es lógico que esto se regimente bien. 
Mientras se desarrollan los planes de producción avícola, porcina, y los planes de pesca, es lógico que cuidemos la carne de res, es lógico que cuidemos el ganado, porque hay que abastecer a las ciudades de carne de res, hay que garantizar que sacrifiquen el ganado con el máximo de peso, hay que garantizar la ceba del ganado.  Por eso sí no afecta que el campesino sacrifique el cerdo para él y para sus vecinos, que sacrifique o venda los pollos, los guanajos, todos esos artículos, sí afectaría mucho la matanza libre de carne de res.  Claro que tendríamos carne algunos años sin problemas, pero estaríamos sacrificando el porvenir, estaríamos sacrificando el futuro, y un pueblo tiene que ser consciente, porque estos años pasarán. Si ahora queremos resolver estos años, las dificultades de ahora, sacrificando todo el ganado, lo lamentaremos mucho en el futuro.  Entonces mañana tendríamos que llorar nuestra imprevisión, nuestra irresponsabilidad; en cambio, si hoy cuidamos el ganado...  Y por eso no queda más remedio que mantener una regimentación rígida, porque hay que salvar nuestra riqueza ganadera para que en el futuro podamos producir el doble, el triple de carne.  Pero no solo eso, sino que tendremos producción de muchas más aves, cerdos, peces. Ya en el futuro no habrá esos problemas.  Habrá tal abundancia de todos esos productos, que no habrá esa urgencia que hay ahora con la carne, esa necesidad de evitar que se mate un novillo de 500 ó 600 libras.  Eso lo comprende el pueblo, eso lo comprenden los campesinos perfectamente bien; por eso el producto que fundamentalmente se reglamenta es la matanza, y tiene que haber rígidas normas para evitar la destrucción de una riqueza que es fundamental para nuestro país, es el ganado vacuno (APLAUSOS). Los campesinos deben comprender eso.  Nosotros nos damos cuenta de que a cualquier campesino que tiene cinco o seis vacas le entran deseos de matar un novillo y estar comiendo carne un mes.  ¿Qué no quisiéramos nosotros hacer por ayudar a los campesinos?  Pero si nosotros le dijéramos a los campesinos:  "SÍ, maten", estaríamos cometiendo un crimen contra la economía de nuestro país, estaríamos haciendo una cosa mala. Ese es el por qué hay que evitar, no se puede permitir la matanza libre de carne de resPorque a veces un campesino dice:  "¿Pero por qué yo no voy a poder matar ese novillo que lo vi nacer?"  Bueno, pues por eso: porque hay que garantizar la carne para el pueblo y hay que salvar la riqueza ganadera.  Nada más que por eso.  Nadie le va a quitar su novillo (APLAUSOS). Precisamente para que el día de mañana, él pueda comer no solo carne de res, sino pueda comer pescado, pueda comer de todo lo que quiera comer; es para garantizar el futuro.  Y a veces no se entienden bien esas cosas, porque yo me he encontrado con algunos campesinos que dicen que quieren matar el novillo.  Pero, figúrense, si decimos:  maten por la libre, pues figúrense qué resultados tendría eso. 
 Muchas serían sus intervenciones posteriores sobre el tema ganadero pero creo que en esos discursos queda más o menos claro el origen de la carencia crónica de carne en Cuba y las leyes draconianas para castigar el sacrificio de ganado. A medida que la carne desaparecía de las mesas cubanas, que el bistec se convertía en utopía nacional se insistía en darle prioridad a la producción de leche (para los niños, claro) sobre la de carne. Y eso nos llevaría de caebza hacia otro enigna más difícil todavía de dilucidar: el misterio de la leche.